Ansiedad en el estómago: síntomas y cómo identificarlos

Sentir “mariposas”, opresión o malestar en el estómago cuando estás nerviosa no es raro. Muchas personas viven esa sensación como algo pasajero… hasta que se vuelve crónica, acompañada de hinchazón, gases, dolor o cambios en la digestión. Si te pasa, no estás sola. En este artículo exploramos cómo la ansiedad puede manifestarse en forma de síntomas digestivos, por qué sucede y cómo detectarlo correctamente.


Qué es la ansiedad (y por qué puede sentirse en el estómago)


La ansiedad es una reacción natural de nuestro cuerpo ante situaciones de alerta o estrés. Se manifiesta no sólo en la mente, sino también en el cuerpo — y el sistema digestivo es uno de los más sensibles.

Esto ocurre porque existe una comunicación bidireccional entre intestino y cerebro, conocida como eje intestino‑cerebro (gut-brain axis). Las alteraciones en este eje —por estrés, desequilibrio de microbiota, inflamación o hábitos de vida— pueden traducirse en sensaciones físicas intensas: mariposas, nudo, dolor, gases, digestiones lentas… (Jiang, Min et al., 2024)

Cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo, estas señales pueden volverse crónicas y causar molestias digestivas constantes.


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Causas o factores implicados en la ansiedad digestiva

Varios mecanismos pueden provocar que la ansiedad se manifieste en el estómago o intestinos:

  • Disfunción del eje intestino-cerebro: el sistema nervioso, inmunitario y hormonal comunica al intestino con el cerebro. Si ese canal se altera, puede aumentar la sensibilidad digestiva. (Jiang, Min et al., 2024)


  • Alteraciones en la microbiota intestinal: estrés, dieta pobre, antibióticos u otros factores pueden modificar la flora intestinal, lo que influye en la producción de metabolitos que afectan al sistema nervioso. (Santos, Javier et al., 2025)


  • Inflamación de bajo grado y disfunciones digestivas: tanto digestiones lentas, disbiosis, permeabilidad intestinal o sobrecrecimientos bacterianos pueden alterar la función intestinal y predisponer al malestar digestivo. (Liu, Zhaoxia., 2025)


  • Estrés sostenido y factores emocionales: la respuesta del cuerpo ante estrés frecuente puede afectar motilidad intestinal, sensibilidad visceral y funciones digestivas. (Santos, Javier et al., 2025)


  • Hábitos de vida poco saludables: dieta desequilibrada, descanso insuficiente, exceso de estimulantes, falta de movimiento o irregularidad en horarios de comida pueden agravar la sensibilidad digestiva.


En muchos casos, la ansiedad digestiva no aparece por un solo factor, sino por la combinación de varios, creando un círculo difícil de romper sin intervención consciente.


Síntomas o señales de ansiedad que se reflejan en el estómago

Cuando la ansiedad impacta en el aparato digestivo, puede manifestarse con distintos síntomas. Algunos de los más frecuentes son:

  • Sensación de “nudo en el estómago” o mariposas.

  • Ardor, nervios internos o opresión en la zona abdominal.

  • Hinchazón, distensión abdominal o sensación de pesadez tras comer.

  • Gases, flatulencias o eructos frecuentes.

  • Digestiones lentas, pesadas o incómodas.

  • Alternancia entre diarrea y estreñimiento.

  • Dolor abdominal inespecífico o cólicos que parecen “sin causa”.

  • Náuseas, sensación de malestar general o incluso mareos.

  • Cambios en el apetito: pérdida o exceso, según el contexto.

  • Molestias que aparecen o empeoran en momentos de estrés, ansiedad o tensión emocional.


Estos síntomas no siempre indican una enfermedad digestiva grave —pero sí son señales de que tu intestino y tu sistema nervioso están desequilibrados.


Diagnóstico o cómo identificar si lo que tienes es ansiedad digestiva


No existe una prueba específica que “demuestre” que la causa de tu malestar es ansiedad. En cambio, lo que se usa es una evaluación integral que considere varios aspectos:

  1. Historia clínica: cuándo comenzaron los síntomas, los desencadenantes, relación con estados emocionales, cambios en dieta o medicación.

  2. Exámenes básicos para descartar causas orgánicas: intolerancias, sobrecrecimientos, inflamación, infecciones, alteraciones metabólicas.

  3. Evaluación del estilo de vida: descanso, estrés, alimentación, ejercicio, hábitos digestivos.

  4. Observación de la relación entre estados de ánimo / estrés y síntomas digestivos.

  5. A veces, test de microbiota, motilidad o sensibilidad intestinal (según el profesional).

El diagnóstico —especialmente en un contexto de ansiedad digestiva— debe ser cuidadoso y holístico. No se trata de etiquetar, sino de comprender todo el sistema cuerpo-mente.


Tratamiento, dieta y recomendaciones para aliviar la ansiedad digestiva


El enfoque más efectivo —y sostenible— combina varios pilares. Aquí te dejamos algunas recomendaciones clave:


Cuidar la microbiota intestinal

  • Dieta rica en fibra, verduras, verduras fermentadas y alimentos antiinflamatorios.

  • Reducir ultraprocesados, alcohol, azúcares refinados y excesos de cafeína.

  • Considerar probióticos o “psicobióticos” (pero bajo supervisión profesional), ya que diversos estudios muestran que modular la microbiota puede influir positivamente en la ansiedad y en la salud digestiva. (Jiang, Min et al., 2024)


Manejar el estrés y regular el sistema nervioso

  • Respiración consciente, meditación, prácticas de relajación, yoga suave o técnicas de mindfulness.

  • Fomentar un buen descanso, horarios regulares de sueño y rutinas relajantes.

  • Reducir sobrecarga mental: simplificar horarios, priorizar autocuidado, pausas regulares.


Hábitos digestivos saludables

  • Comer despacio, masticar bien, no saltarse comidas.

  • Evitar exceso de estimulantes, comidas muy pesadas o combinaciones difíciles de digerir.

  • Mantener hidratación adecuada.


Evaluar con profesional en casos persistentes

Si los síntomas interfieren con la vida diaria, es recomendable evaluar con un especialista (nutricionista integrativo, digestólogo, psicólogo) que pueda valorar posibles desequilibrios digestivos, microbiota, motilidad o factores emocionales y estructurar un plan personalizado.


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Consejos prácticos y buenas prácticas para el día a día

  • Lleva un diario de síntomas: apunta lo que comes, cómo te sientes anímicamente, digestiones, sueño y estrés. Esto ayuda a detectar patrones.

  • Introduce cambios de forma progresiva —no todo a la vez— para no sobrecargar el sistema.

  • Prioriza alimentos reales, frescos y con fibra.

  • Practica técnicas de respiración o relajación 5–10 minutos al día, especialmente antes de comer.

  • Mantén una rutina regular de sueño y digestión.

  • Si tomas probióticos, hazlo con criterio y preferiblemente acompañada de un profesional.

  • Permítete pausas: descanso, caminatas, desconexión digital… el intestino y la mente lo agradecerán.


Preguntas frecuentes


¿Puede la ansiedad provocar gases e hinchazón sin problemas digestivos previos?

Sí. La ansiedad puede alterar la motilidad intestinal, favorecer fermentaciones y generar distensión abdominal, incluso sin una patología digestiva previa.


¿Cómo distinguir entre ansiedad digestiva y un problema como SIBO o disbiosis?

La clave está en la historia clínica: si los síntomas aparecen con estrés, emocionalidad o cambios en la vida, y mejoran con gestión emocional, puede tratarse de ansiedad. Si hay síntomas persistentes, intolerancias, cambios de heces, pérdida de peso o defensas bajas, conviene descartar desequilibrios digestivos con pruebas.


¿Los probióticos sirven para mejorar la ansiedad digestiva?

Algunos sí —los llamados “psicobióticos” han demostrado efectos positivos sobre el estado de ánimo y sobre síntomas digestivos, al actuar sobre la microbiota y el eje intestino-cerebro. (Borrego et al., 2024)


¿Debo dejar de comer ciertos alimentos si tengo ansiedad digestiva?

No siempre. Primero debe evaluarse tu tolerancia individual. Evita excesos de procesados, azúcares y estimulantes, pero no elimines alimentos sin criterio: una dieta variada, rica en fibra y nutrientes, suele ser la mejor opción.


¿Cuánto tiempo puede tardar en mejorar la ansiedad digestiva con cambios?


Depende de muchos factores: historia personal, estilo de vida, grado de desequilibrio. Algunas personas notan mejoría en semanas; otras necesitan meses. Lo importante es tener constancia y realizar cambios sostenibles.


Conclusión


La ansiedad no es solo una carga emocional: muchas veces se manifiesta en el estómago y el intestino. Sentir “mariposas”, nudo, gases, hinchazón o malestar constante puede ser la señal de que tu cuerpo intenta comunicar algo.

Trabajar con comprensión, conciencia, autocuidado y un enfoque integrativo permite reconectar mente e intestino —y recuperar bienestar físico y emocional.

Si este malestar se prolonga o limita tu día a día, puede ser útil acompañarte con profesionales que entiendan la conexión cuerpo-mente y tu historia personal.

Si sospechas de desequilibrios digestivos o estrés intestinal persistente, contacta con nuestro equipo de especialistas en Intestia.


Referencias

Jiang, M., Kang, L., Wang, Y. L., Zhou, B., Li, H. Y., Yan, Q., & Liu, Z. G. (2024). Mechanisms of microbiota-gut-brain axis communication in anxiety disorders. Frontiers in neuroscience18, 1501134. https://doi.org/10.3389/fnins.2024.1501134

Santos, J., Maran, P. L., & Rodríguez-Urrutia, A. (2025). Stress, microbiota, and the gut-brain axis in mental and digestive health. Medicina clinica164(6), 295–304. https://doi.org/10.1016/j.medcli.2024.11.023

Borrego-Ruiz, A., & Borrego García, J. J. (2024). Psicobióticos: Una nueva perspectiva para el tratamiento del estrés, de la ansiedad y de la depresión [Psychobiotics: A new perspective on the treatment of stress, anxiety, and depression]. Ansiedad y Estrés, 30(2), 79–93. https://doi.org/10.5093/anyes2024a11