La salud intestinal se ha convertido en uno de los temas más estudiados en los últimos años. Cada vez más personas sufren hinchazón, gases, intolerancias, cansancio extremo o problemas de piel sin una causa clara. Y cuando finalmente se investiga a fondo, aparece un término clave: disbiosis intestinal.
En Intestia vemos a diario personas que llevan años con molestias digestivas sin encontrar respuestas. La disbiosis es uno de los desequilibrios más frecuentes y, a la vez, uno de los menos comprendidos por la población general. Este artículo te ayudará a entender qué es, por qué aparece y qué pasos reales pueden ayudarte a mejorarla.
Qué es la disbiosis intestinal
La disbiosis intestinal es un desequilibrio en la microbiota, el conjunto de microorganismos que viven en el intestino y que cumplen funciones esenciales:
Digestión de fibras y producción de ácidos grasos de cadena corta.
Modulación del sistema inmune.
Producción de vitaminas (B y K).
Protección frente a bacterias patógenas.
Comunicación con el sistema nervioso (eje intestino-cerebro).
Cuando este ecosistema pierde diversidad o ciertas bacterias crecen en exceso, el intestino deja de funcionar correctamente. No es una enfermedad en sí misma, sino un estado alterado que puede favorecer síntomas digestivos y extradigestivos.
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Causas principales de la disbiosis intestinal
La disbiosis no aparece de la nada. Su origen suele ser multifactorial y acumulativo. Las causas más frecuentes incluyen:
1. Uso repetido de antibióticos o fármacos
Los antibióticos pueden salvar vidas, pero también reducen drásticamente la diversidad bacteriana. Otros medicamentos que impactan la microbiota:
IBP (inhibidores de la bomba de protones: omeprazol y similares).
Antiinflamatorios frecuentes.
Laxantes o antidiarreicos crónicos.
2. Dieta pobre en fibra
La microbiota se alimenta de fibras y polifenoles presentes en vegetales, legumbres, frutas y cereales integrales. Una dieta baja en fibra reduce la diversidad microbiana y favorece bacterias inflamatorias.
3. Estrés crónico y mala calidad del sueño
El eje intestino-cerebro es bidireccional. El estrés sostenido altera el tránsito intestinal, la permeabilidad y el balance microbiano.
4. Infecciones intestinales previas
Vómitos, gastroenteritis o intoxicaciones alimentarias pueden cambiar la composición de la microbiota durante meses o incluso años.
5. Enfermedades digestivas previas
SIBO, intestino permeable, enfermedad inflamatoria intestinal o hipotiroidismo pueden favorecer la disbiosis.
6. Consumo elevado de ultraprocesados
Endulzantes artificiales, aditivos, grasas trans y exceso de azúcares deterioran el entorno intestinal.
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Síntomas de disbiosis intestinal
La disbiosis puede manifestarse de manera muy distinta según la persona. Los síntomas más frecuentes son:
Síntomas digestivos
Hinchazón y gases (especialmente después de comer).
Diarrea o estreñimiento crónico.
Digestiones pesadas.
Sensación de “estómago inflamado”.
Intolerancias o reactividad a alimentos que antes tolerabas.
Náuseas ocasionales.
Síntomas extradigestivos
Aunque sorprenda, la disbiosis también puede afectar otras áreas:
Fatiga persistente.
Problemas de piel (acné, rosácea, dermatitis).
Dolores de cabeza.
Niebla mental o dificultad de concentración.
Cambios de humor, ansiedad o irritabilidad.
Dolores articulares o inflamación sistémica.
Aumento de infecciones recurrentes (baja inmunidad).
Muchas personas pasan años tratando cada síntoma por separado sin saber que el origen está en su intestino.
Cómo se diagnostica la disbiosis intestinal
No existe una única prueba definitiva, pero las herramientas más utilizadas incluyen:
1. Test de heces con análisis de microbiota
Evalúan composición bacteriana, hongos, parásitos, presencia de inflamación y marcadores como:
AGCC (ácidos grasos de cadena corta).
Zonulina (relacionada con permeabilidad intestinal).
Relación entre especies beneficiosas y oportunistas.
2. Test de SIBO
La disbiosis del intestino delgado puede detectarse mediante test de aliento.
Muchas personas con SIBO presentan disbiosis coexistente en colon.
3. Historia clínica detallada. Evitar raspadores agresivos que empeoran la mucosa.
Aunque suene básico, un buen profesional puede detectar signos de disbiosis con la entrevista correcta.
Cómo equilibrar la disbiosis intestinal
El objetivo no es “matar bacterias malas”, sino restaurar la diversidad y la función intestinal. El proceso es gradual y debe adaptarse a cada persona.
1. Aumentar progresivamente la fibra
No sirve comer de golpe más verduras. El intestino inflamado no lo tolera.
El enfoque correcto es progresivo:
Verduras de fácil digestión al vapor.
Frutas bajas en FODMAP si hay molestias.
Semillas molidas.
Pequeñas cantidades de legumbres bien cocidas y trituradas.
2. Reducir alimentos que alteran la microbiota
Ultraprocesados.
Bebidas azucaradas.
Exceso de alcohol.
Edulcorantes artificiales.
Alimentos muy ricos en grasas trans o fritos.
3. Regular el estrés
Implica trabajar desde la raíz:
Rutinas de descanso.
Respiración diafragmática.
Caminatas diarias.
Reducción de multitarea.
La regulación del sistema nervioso es clave en cualquier protocolo digestivo.
4. Protocolos específicos según el tipo de disbiosis
Un profesional puede indicar:
Fitoterapia antimicrobiana (cuando hay sobrecrecimiento).
Probióticos personalizados según especies deficitarias.
Prebióticos específicos (inulina, FOS, GOS…).
Enzimas digestivas si existe malabsorción.
Antiinflamatorios naturales (curcumina, glutamina, aloe vera).
5. Reintroducción alimentaria y mantenimiento
Una vez equilibrado el intestino, se trabaja para recuperar tolerancia a alimentos y mantener diversidad.
Cuándo acudir a un profesional
Si tienes síntomas que van y vienen, intolerancias que no tenías antes o problemas de piel, energía o digestión que ya afectan tu vida, no esperes más.
La disbiosis no mejora sola: necesita estrategia, acompañamiento y un enfoque integrativo.
En Intestia trabajamos precisamente con ese tipo de casos, desde un punto de vista profesional, humano y basado en evidencia.